Mayo FRANCÉS
«Après ce que nous avons vécu au cours de ce mois-ci, ni le monde ni la vie sera comme ils ont été"
“Después de lo que hemos vivido durante este mes, ni el mundo ni la vida volverán a ser como eran”
Daniel Cohn-Bendit
Uno de los hechos históricos más idílicos para cada estudiante idealista es ese quinto mes del año 1968. Es casi legendario, se pinta de utopía, de ideas y de juventud. Sin aquel episodio de efervescencia revolucionaria, el movimiento estudiantil en el mundo sería muy diferente al que ahora vemos. Los graffitis que le daban voz a las paredes, las consignas que inspiraban rebeldía y el contexto histórico mundial que rodeaban el hecho hicieron del Mayo Francés un suceso difícil de borrar de la memoria de la humanidad.
Pero el mayo francés no fue un hecho esporádico. Se estaba labrando desde hacia algunos años, se estaba formando de manera furtiva, nutriéndose de los ideales de la nueva época, de la contracultura americana que predicaba una revolución desde todos los estamentos: la educación, la sexualidad, los derechos civiles, la política, la moral, la filosofía, etc. Pero el mayo francés fue algo más profundo, algo más alimentado de sueños.
El escenario europeo de la posguerra dejaba una sociedad derrotada y desilusionada. En Francia, los jóvenes eran reprimidos moralmente y socialmente, eran educados para ser máquinas de fabrica. Prácticamente no conocían nada sobre lo sucedido en la segunda guerra mundial, sobre las tragedias de la guerra y la abominación del holocausto. Cuando los jóvenes alemanes comenzaron a emigrar a otros países y contaron las vicisitudes sucedidas en la guerra, los jóvenes franceses quedaron anonadados y comenzaron a preguntar sobre las posturas políticas de sus padres durante aquella época de guerra; se formó así una conciencia política suficiente para que se cuestionase el sistema de gobierno y sus políticas.
Las primeras posiciones estuvieron en contra de la guerra de Vietnam y su injusta razón de ser, además se demandó la libertad y soberanía de los pueblos que se había predicado en la revolución francesa y que el imperio francés había traicionado con la ocupación a tierras extranjeras como Argelia, que buscaba ansiosa su independencia.
Adicionando a eso, las grandes ideologías invadían las mentes universitarias. Los grandes filósofos franceses del momento como Sastre, Beauvoir y Camus alimentaban el intelecto estudiantil con sus perspectiva existencial; comenzaron a abrirse camino las ideas socialistas de distintas ramas, de corte marxista, leninista, maoísta, trotskista, del famoso che Guevara y de Ho Chi Ming. Fue como si de un momento a otro se les hubiese abierto un libro lleno de conocimiento y que les dio un camino a seguir, un modelo de sociedad que ellos no veían en su puritana París, ni en el mundo. Los universitarios vieron que las ideas de utopía estaban siendo pisoteadas y traicionadas, lo que causó decepción entre los jóvenes que buscaban un mundo mejor, sin la soberbia del poder y la represión; se decepcionaron de
El 22 de marzo en
Pero el movimiento no paró. Tenía mucho bagaje ideológico para ser detenido y el 3 de mayo de 1968 se trasladó a Paris. Ese día, los estudiantes de una de las mejores universidades de Europa,
Los obreros de la compañía automotriz francesa Renault se contagiaron del ambiente revolucionario que afloraba en el ambiente y se levantaron en huelga hasta que se solucionaran todos los problemas relacionados con la seguridad social en sus trabajos, uniéndose así al movimiento estudiantil. Ahora el mayo francés se coloreaba de diversos matices, se llenó de idealismo universitario, de romanticismo revolucionario, de luchas populares, de intereses políticos y de filosofía profunda; los muros comenzaron a hablar, soltando al azar frases contundentes que daban al blanco de la sensibilidad mental: la imaginación al poder, bajo la barricada, la playa; desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta, seamos relistas: pidamos lo imposible y otras tantas consignas inspiradoras fluyeron como rosas en un jardín ese mayo del 68.
Diez millones de trabajadores se unieron a las protestas, casi dos tercios de la población salieron a marchar por las calles de París. De Gaulle temblaba, el país se le estaba saliendo de las manos y solo por la revuelta de unos cuantos mozuelos. Por tales razones intentó reprimir las protestas aumentando las unidades policíacas en los mítines y marchas, aprovechó la oportunidad de un viaje de Daniel Cohn Bendit para impedirle el regreso a Francia, creyendo que así que cortaría la cabeza de las manifestaciones, pero estas siguieron con igual ánimo y brío.
Pero la magia de ese Mayo se agotaba en cuanto este se terminaba. El 25 de mayo con esfuerzos de acabar aquella pequeña revolución, el primer ministro Pompidou desarticuló el movimiento al prometer un aumento del 35% del salario mínimo, por lo cual el estamento asalariado de las protestas volvió a las fábricas y dejó solo al movimiento estudiantil. De Gaulle temeroso por el ambiente caótico que había, llamó a elecciones generales para así calmar el hambre de poder que tenía el pueblo.
El movimiento estudiantil, paulatinamente fue apaciguándose hasta que no quedó rezago de sus hechos. Desilusionados por el abandono de los trabajadores, que el partido comunista francés no los apoyara y la deserción de muchos estudiantes provocó que se volviesen a abrir las puertas de
Mayo francés abrió puertas a los estudiantes, los hizo salir de su letargo y los presentó como miembros notables de la población. Sin el mayo francés no habría modelos de revolución estudiantil. Les debemos a aquellos jóvenes idealistas muchas de las ideas de lo que ahora creemos que es movimiento estudiantil. El mayo francés se une a otras tantas vicisitudes de esa década revolucionada; la primavera de Praga, la masacre de Tlatelolco y el movimiento antiguerra americano. Fue hace 41 años y sigue moviéndose en el ideario juvenil… Nos dijo Sarkozy, Presidente actual de Francia: “Hay que acabar con el espíritu del Mayo del
“Ustedes llevan la imaginación al poder.”
Jean Paul Sarte
